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Hablemos de la Champeta: el ritmo del caribe colombiano

Hablemos de la Champeta: el ritmo del caribe colombiano

El mestizaje musical en nuestro continente tiene una gama de combinaciones basadas en África, y si lo vemos como una fórmula química, podemos obtener resultados como el reggae al combinar la cultura africana con las Antillas caribeñas.

Pero al acércanos más a tierra firme y aderezar los sonidos con un poco de África podemos obtener soca y calipso, las mismas influencias negras que generaron rap en los Estados Unidos; pero algo curioso ocurrió con los elementos africanos al pisar el caribe colombiano desde Cartagena de Indias y mezclarse con la calle y los movimientos sociales, apareció un ritmo que aunque marginado por muchos es el orgullo de un pueblo: la Champeta.

Para hablar de la Champeta hay que remontarse a sus orígenes sociales, porque no habría existido este ritmo sin los pueblos de esclavos libres que se asentaron en el caribe colombiano, como El Palenque de San Basilio, un lugar fundando por los negros esclavizados que de alguna manera u otra obtuvieron su libertad.

Con el transcurrir de los años, los barrios y sectores negros de Cartagena fueron marginados por las élites y llamados “champetudos”, por su identificación con la “champeta” o “machetilla”, un cuchillo de gran tamaño típico de los habitantes de esta zona, presto tanto para quitarle las escamas a los pescados como para los problemas.

Erigiéndose como una cultura paralela, los “champetudos” ya tenían sus propios códigos para hablar y manejarse en sociedad, hasta que en los 70, marineros procedentes de África desembarcan en los puertos de Cartagena trayendo el soukou, juju y mquanga, ritmos africanos que llegaban desde el Zaire, Congo y Sudáfrica.

A los locales les enamoró este sonido, quizás por un tema genético, y así empiezan a piratear sus discos y popularizarlos a través de los pick ups o “picós”, un sistema de sonido inspirado en los parties jamaiquinos que amenizaban las verbenas y fiestas de los barrios.

Si nos fijamos, la historia tiene muchísimo parecido con lo ocurrido con el reggaetón en Puerto Rico y Panamá, donde fueron pirateando y copiando los temas jamaiquinos hasta que a alguien se le ocurrió hacer su propia música.

Lo mismo pasó en Colombia, y para los años 80 aparece por primera vez una composición netamente cartagenera que hablaba del día a día de los barrios, el baile, los amores; un sonido que invitaba a la alegría y el  movimiento, por lo que fue llamado “Terapia Criolla”.

La Terapia Criolla tras el paso del tiempo y sus fusiones con más ritmos negros como el reggae y también el rap, además de su constante identificación con los barrios pobres o “champetudos”, pasó a ser llamada simplemente: Champeta.

Con los años la percusión africana, base de todos sus ritmos, fue reemplazada por sintetizadores, de manera que las baterías eran hechas electrónicamente como ocurrió en el reggaetón, sin embargo, en Cartagena se hizo de un modo más artesanal y con muchos menos recursos que sus pares de Puerto Rico.

Así han pasado más de 30 años, batallando contra los sectores más altos de la sociedad y haciéndose respetar como orgullo de un pueblo con sus propios códigos y costumbres. Ante las críticas por ser considerada violenta, cantó Viviano Torres: “Esta es la champeta, la música linda que te mata, pero de alegría”.

Y justo esa es la esencia de este sonido que aunque atacado, marginado y con una historia de esclavitud y discriminación detrás, representa la alegría y el entusiasmo de una sociedad que tras siglos de opresión, no se ha podido apagar esa llama de diversión y vacilón.

 

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