Dicen algunos que el género urbano carece de complejidad, pues aquí destruimos esa teoría

Una mentira dicha mil veces se convierte en verdad, y aunque el género urbano a medida que sube escalones pisotea cada mito que se formó a su alrededor, pero hay uno que ha logrado sobrevivir durante largos 20 años a pesar de ser su mejora más palpable: la complejidad.

Entre los discursos pacatos de discriminación a la mujer y responsabilidad en el consumo de drogas de los jóvenes, los eruditos de la composición, la teoría y el solfeo acusaban al movimiento de ser repetitivo, básico y plano, sin la complejidad que hacía digna la obra musical que estos sujetos reproducirían en sus fiestas, las fiestas más aburridas del mundo.

El caso es que en sus primeros 10 años lo que hoy conocemos como género urbano no era más que un experimento de subir y bajar bpms, y samplear sonidos de discos de reggae jamaiquino.y para eso un nuevo nivel apareció con las caras de LunyTunes y Noriega.

Los sintetizadores nunca vieron tantas formas como en esta época donde los productores se iban haciendo expertos en recrear las mejores melodías desde sus equipos. La época de WY Records fue una revolución de sonidos con toda la mezcla de dance y dembow, pero es justo el dembow, lo que detestan estos entendidos del do re mi.

Las fusiones se pusieron a la orden del día y estaban tipos como Los Mambos Kingz, haciendo sonidos cada vez más naturales para merengue, salsa, bachata.

Llegaron los instrumentos reales, llegaron más músicos llamados por la fiebre urbana, llegaron los conciertos con orquestas en donde ejecutantes de instrumentos tocaban las notas inventadas por Eliel en FL Studio, era una género que se diversificaba, y se hacía cada vez más técnico, pero ni siquiera en pleno 2018 se salva de un ilustrado de la armonía y la melodía que acuse de “repetitivo”, el circulo melódico que alimenta a casi toda la industria musical actualmente.

El trap representó un juego de bajos y baterías del rap que se hizo popular y sobre el que se empezó a experimentar, al que se le adjudicó un flow característico en el que no es sencillo desplazarse. Si alguien te dice que “cualquiera hace una canción de trap”, rétalo a que haga un coro tan pegajoso como Krippy Kush sin que suene como un anormal, si fuera fácil componer el coro que va a sonar en tu cabeza durante los próximos 3 meses, tu también estarías nominado a un Grammy.

El movimiento latino ha logrado incluso igualar la calidad y originalidad del sonido norteamericano que siempre ha llevado el volante en esa área, pero aún en nuestros días aparecen sujetos que no saben diferenciar la música de fiesta con la que escuchas, o con la que paseas con tu familia a hablar de complejidad, complejo es que sigan con lo mismo 20 años después.

 

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