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[Si Ellos Supieran] J Balvin se quiere enamorar y yo también

[Si Ellos Supieran] J Balvin se quiere enamorar y yo también

Cada 2 martes en Si Ellos Supieran ocurrirán 3 confesiones: una musical, una amorosa y otra personal. La música será la excusa para las historias de amor que me sacuden por dentro (y hasta me hacen crecer). Solo yo, Edmundo Bianchi, y las figuras públicas estarán por nombre y apellido. A los demás les bastará con verse reflejados, identificados, queridos y pensados.

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Pocos momentos guardan tanto peso en mi memoria como la vez que mi ex, en medio de una pelea, me dijo: “Es que tú solo quieres tener una historia bonita que contar”. No lo admito siempre, pero tenía toda la razón del mundo.

Cuando pienso en el amor, el fondo lo tengo clarísimo: afecto loco y desmedido. Entrega diaria que solo admite faltas justificadas. Atención constante y desinteresada. Lo que me toma trabajo en amoldar es la forma, lo narrativo, la ilación de los hechos. Después de todo, ¿de qué sirve arriesgarse a sufrir si cuando todo se vaya al foso, al menos no te queda una buena anécdota que contar –borracho– entre amigos?

Viajes en autobús sin ser aún mayor de edad. Besos furtivos en las escaleras de una sinagoga. Encuentros de madrugada con la policía. No me atrevería a decir que me ha pasado de todo, pero sí manejo una gran variedad de tamaños y colores. Ahora bien, aunque sea divertido contarlo, no siempre fue divertido vivirlo. Me gusta la anécdota, pero también quiero el final feliz.

Sé que para llegar a ese final, por algún lado se tiene que empezar. Aquí es donde J Balvin y yo cruzamos caminos. Poniendo a un lado Machika y Mi Gente, todas las canciones que ha sacado de su disco Vibras narran un encuentro donde la atracción parece ser evidente. A él le gusta ella, a ella le gusta él, tanta espera lo pone mal, hay que aprovechar el momento.

“Tengo la necesidad de saber lo que piensas / cuando piensas en mí”, es la frase con la que abre Ambiente. Puede que él esté muy consciente de que ella tiene un novio nuevo, pero alguien que canta “Aquí dañándome la mente / he sido paciente / cuando te demoras” y lo sigue de “Hace tiempo quería verte / y hoy por suerte soy quien te devora”, ciertamente no es alguien que está para pasar el rato. Estamos ante un hombre que siente y siente mucho.

En No es Justo, una colaboración con Zion y Lennox, el coro pone en evidencia que se va de fiesta con el corazón bajo la manga: “Cuando empiezas a bailar / No es justo, no es justo / Y lo noto en tu mirar / Te gusto, te gusto”. Resaltando una mirada que revela, Balvin trasciende el simple coqueteo de bar y halla significados ocultos.

Ya luego resume las acciones posteriores: “Empezó en deseo / terminó en realidad”, siendo esto algo que yo fácilmente podría decir después de una primera cita (posiblemente cambiando “realidad” por “idealizar”).

Y mi favorita, “Dónde estarás”, tiene 2 versos que resumen toda la esperanza que llevo conmigo de retomar historias inconclusas: “Ya volverás, yo lo presiento / que a fuego lento mueres por mí”.

Sí, en la primera estrofa J puede estar sediento pensando en su cuerpo, pero eso es solo una máscara. La escritora francesa Marguerite Yourcenar lo dice muchísimo mejor de lo que yo podría hacerlo en su novela “Memorias de Adriano” de 1951: “… tiene lugar el asombroso prodigio en el que veo, más que un simple juego de la carne, una invasión de la carne por el espíritu”.

Dudo mucho que “Vibras lo vendan como un álbum urbano de amor, pero perfectamente podrían hacerlo. Fue hecho por un artista que quiso rescatar las raíces del reggaetón y darle un tono sofisticado, pero a la vez compuso una serie de canciones contándonos cuántas ganas tiene de entregarse a un sentimiento sin saber a dónde lo puede llevar.

A mí me pueden culpar de muchas cosas en una relación, pero nunca de falta de entrega. Cuando las condiciones están dadas, soy olmo y doy peras. De allí nacen mis grandes victorias y derrotas, porque estoy tan dispuesto a que funcione, que puedo cansar. Es el abrazo que ahorca y tengo que ver cómo dejo entrar aire, para él y para mí.

Aunque no tenga la confianza que tiene J Balvin para decir “Me llamó tu actitud / creo que voy a contestar”, tengo fe en que lograré enamorarme de nuevo. Porque a diferencia de lo que muchos creen, no me parece que lo difícil sea aprender a soltar, sino saber sostener y eso lo sé hacer bien.

Cuando mi ex me hizo ese reclamo, yo le mandé un mensaje de texto muy tajante: “Si no te gusta la novela, cambia de canal”. Tenía 21 años, evidentemente me alimentaba de cereal y drama. Pero no me arrepiento. Lo que me dijo era verdad y mi respuesta también lo fue: me quiero enamorar, pero de alguien que me acepte como soy, porque si voy a saltar al abismo, lo tengo que hacer con todo lo que traigo, empezando por mis anécdotas.

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