[Si Ellos Supieran] Shakira me enseñó a creer en Dios

Cada 2 martes en Si Ellos Supieran ocurrirán 3 confesiones: una musical, una amorosa y otra personal. La música será la excusa para las historias de amor que me sacuden por dentro (y hasta me hacen crecer). Solo yo, Edmundo Bianchi, y las figuras públicas estarán por nombre y apellido. A los demás les bastará con verse reflejados, identificados, queridos y pensados.

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Hace un par de años, mi mamá me marcó para decirme que Shakira había muerto.

-¡¿Qué?! ¿Cómo que Shakira se murió? –le pregunté un poco en shock, un poco incrédulo.

-Sí, aquí me salió que la cantante y actriz colombiana Shakira murió -me contesta ella, llena de asombro-.

-Mamá, ¿pero dónde “te salió”? No puede ser.

-Hijo, en Facebook.

Era mentira. Mi mamá había sido víctima del clickbait, pero ella sabe que si en efecto Shakira llega a morir, yo soy la persona a la que tiene que llamar.

Para nadie de mi círculo cercano es secreto lo mucho que Shakira significa para mí. Mi primer casete, mi segundo CD (porque el primero fue uno de Fey), mi primer concierto, mi primer despecho, mis primeras canciones en inglés (aprendidas como el diccionario de Oxford manda, porque con todo el pop gringo a finales de los 90 solo balbuceaba).

Shakira me presentó a Sartre y a Marx. Me explicó que la ilusión trae desilusión y que la retórica es un arma letal. Me hizo darme cuenta que siempre alguien la puede estar pasando peor, como Braulio y Dana. Que la mejor hora para llorar es a las 4 de la mañana, en un estudio de grabación, con la luz apagada y el corazón roto. Pero creo que de todas las cosas que me ha enseñado, la más valiosa ha sido que si hay una forma de creer en Dios, es enamorándonos.

Y es que, como compositora que trabaja con imágenes recurrentes, Shakira le escribió la misma canción a Gerard Piqué, a Antonio de la Rúa y a Dios. Para ella, la analogía “Dios es amor” funciona a la inversa: “Amor es Dios”. Muchos dirán que el orden de los factores no altera el producto, pero en este caso sí.

En Fijación Oral Vol. 1, su primer disco en español estando con Antonio, Shakira escribe “En tus pupilas”, una de sus canciones más preciosas de amor, con una primera estrofa en francés. “Y así llegaste tú / Devolviéndome la fe”, dice justo antes de llegar al coro y afirmar con la más grande convicción: “Cuando miro en tus pupilas sé que Dios no dejó de existir / Tú lo haces vivir”.

Luego, para Shakira, su primer disco en inglés estando con Piqué, escribe 23, por ser esa la edad que tenía el jugador de fútbol cuando se conocieron. Aquí, desde la primera estrofa, se vuelve a colar Dios como evidencia del amor que siente: “I used to think that there was no God / But then you looked at me with your blue eyes / And my agnosticism turned into dust”.

En ambas canciones, una para su exnovio de 10 años y la otra para su actual novio de casi 8, Shakira cuenta la misma historia: la vida tenía poco sentido antes de conocerlos, había dejado de creer en Dios porque no hallaba la forma de justificar su existencia, pero tan pronto los vio a los ojos, recuperó la fe.

Ya para hacer el paralelismo entre ambas canciones aún más evidente, el coro de 23 dice: “I knew we had something / From the moment I met you”, y la versión en inglés de En tus pupilas (porque sí, tiene su versión en inglés en Fijación Oral Vol. 2) se llama Something, con un coro que arranca así: “And there’s something / You’ve got something I can’t resist”. Shakira dice tener something con Piqué y something con Antonio, un something que solo Dios puede explicar.

Es irrelevante si uno le enseñó de fútbol y el otro del bandoneón. Ella les escribió una canción de amor a ambos de la única forma que ella sabe amar: con Dios de por medio.

Y es que nos encanta decir lo mucho que Shakira ha cambiado con los años. Que ahora solo hace reggaetón, que dejó de mostrar su ingenio en sus canciones, que se volvió más show que artista. Pero la verdad es que, en el fondo, ella sigue teniendo el corazón en el mismo lugar. Como bien dijo Gabriel García Márquez sobre Shakira y el amor: “Lo exalta, lo idealiza, y es el alma y razón de sus canciones”.

Siendo buen fan, por suerte o por desgracia, aprendí a querer de una manera parecida. Basta que me rompan el corazón para que vaya corriendo a misa a llorar, a buscar respuestas, a intentar que me salpique un poco de agua bendita. Pero en lo que alguien me logra mover el piso, siento que mis plegarias han sido atendidas.

Cada hombre del que me enamoro lo veo como una manifestación divina, una prueba clara de que Dios no solo existe, sino que no se ha olvidado que yo existo también.

No sé si Shakira sabrá que escribió la misma canción 2 veces. Capaz sí lo sabe y se ríe para sí misma cada vez que se acuerda. Lo que sí no se debe imaginar es cuánto le enseñó a un venezolano miope, feminista e intolerante al gluten que creció escuchando sus canciones. Sobre el existencialismo, el embarazo precoz, la política argentina, el fútbol y Dios.

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